martes, 8 de febrero de 2011

LAS PREGUNTAS DE ASPALDIKO (programa de ETB2)

   El pasado día 25 de enero, el programa Aspaldiko de ETB2 me invitaba al mismo para realizarme una entrevista. Accedí de forma gustosa a su amable invitación. De manera cordial y muy cortésmente me remitieron, vía email, un cuestionario con diversas preguntas que me realizarían en la entrevista. Una vez realizada la misma, ésta giró en un tono bastante más sentimental y emocional que el yo creía que iba a tener y quizás por premura de tiempo o porque no lo consideraron oportuno, la mayoría de preguntas que me remitieron no se llegaron a realizar. He querido aprovechar este espacio del blog para colgar las preguntas que me remitieron y contestarlas. He aquí las mismas:

  • ¿Alguien está pretendiendo que las víctimas olviden el sufrimiento pasado?

Hombre, ya me gustaría tener la certeza de que hay alguien que tiene una varita mágica para que las víctimas olvidemos nuestro dolor, pero mucho me temo que eso es imposible. Y como es imposible, lo que realmente se está pretendiendo, no es que olvidemos nuestro sufrimiento y por lo tanto a nuestros muertos, si no  que, a lo que estamos asistiendo es a un intento de extender, generalizar y equiparar a todas las víctimas, a las de ETA y a las de otros grupos (GAL, BVE, 3A), así como la de los familiares de presos o estos mismos como consecuencia de un conflicto. Esta equiparación se realiza utilizando el sufrimiento como criterio único del enjuiciamiento moral de la acción, ya que se hace hincapié en el resultado final de la misma (la pérdida de una vida), obviando la cualidad moral de la acción que la ha propiciado. Es decir, que no todas las víctimas son iguales por el mero hecho de perder la vida, pues no se trata tanto de defenderla, pues si así fuera hace tiempo que hubieran tirado las armas, si no, de defender una forma de vida, la humana, impregnada de conciencia, libertad y dignidad. Por lo que el criterio ético para enjuiciar las conductas que lastiman a otro exige tener en cuenta el daño que sufren estas facultades y posibilidades humanas y no solo el que sufre la vida biológica sin más. (J.M. Ruíz Soroa)

  • ¿Se habla demasiado de reconciliación y demasiado poco de justicia, en algunos ámbitos políticos?

La sociedad vasca no es una sociedad dividida, fragmentada o enfrentada en dos o más comunidades. Por lo tanto hablar de reconciliación no tiene sentido. Confundimos reconciliación con convivencia pacífica y democrática. Esta última viene regulada por nuestro ordenamiento jurídico y el sometimiento de todos los ciudadanos al imperio de la Ley. Simplemente se trata de que aquellos que no han asumido, aceptado y sometido a dicho imperio de la Ley, terminen haciéndolo y eso conlleva, implícitamente, el aceptar las condenas que se les ha impuesto y el cumplirlas conforme a la Ley. Las  víctimas del terrorismo no hemos respondido a la violencia con más violencia, nos hemos sometido al imperio de la Ley de nuestro estado de derecho y democrático y hemos delegado en la justicia que emana del mismo nuestro legítimo derecho a exigirla. ¿Qué más esfuerzos se pueden pedir a las víctimas para una convivencia pacífica y democrática?

  • ¿Cree que es posible olvidar y perdonar algo como el asesinato de tu hermano?

Olvidar en ningún caso. El perdón es una acción que invade la esfera privada de la persona por lo que ninguna ley, ni ningún gobierno, ni la misma sociedad puede obligar a nadie a perdonar. Es más, ni siquiera pueden plantearlo pues sería una coacción intolerable desde el punto de vista moral. Máxime cuando se intenta sustituir esta fórmula verbal por la aplicación efectiva y total de la justicia.


  • Estamos en unos momentos en que, en algunos sectores,  ha renacido la esperanza de la paz en Euskadi por mor de ese comunicado de ETA. ¿Usted no se fía?

Los sectores donde ha renacido eso principalmente es en la propia izquierda abertzale, pues son los primeros interesados en hacernos creer que de ese comunicado de ETA se desprende un final irreversible de la acción terrorista. Pero del comunicado y de los hechos anteriores y posteriores al mismo, no se desprende más que una pura estrategia táctica de ese mundo para poder legalizar un partido político. Es imprescindible que empecemos a racionalizar la idea de que no nos encontramos inmersos en un proceso de paz y mucho menos en un proceso democrático. Simplemente nos encontramos en un proceso de disolución de una banda terrorista y en el intento de legalización de su brazo político. Este proceso lo intentan revestir de la mayor dignidad posible para su historia y van a intentar por todos los medios que así sea, pero ni las víctimas ni el estado de derecho van a permitir que se produzca durante el proceso del mismo ni un ápice de justificación de la historia de ETA. Lo que ocurre es que la banda ha decidido no  apartarse definitivamente y ya ha dejado muy claro cuál es su función en todo este proceso, el tutelaje de todo ello, el cumplimiento de sus condiciones políticas, convertirse en la amenaza latente para toda una sociedad democrática y para su gobierno que sirva para coaccionar a los mismos y su brazo político arrancar concesiones políticas con  las que intentar convencer a la banda terrorista para que lo deje. Desde luego, no es el mejor de los escenarios democráticos que se me ocurren para poder fiarse.

  • En su blog es especialmente crítico con la Comisión Internacional. No cree que sirva para nada, aunque sí dio resultado en Irlanda ¿Por qué?

No es cierto que en Irlanda sirviera para algo. Es más, fracasaron estrepitosamente. Solo desde un desconocimiento absoluto de lo que fue el proceso norirlandés se puede llegar a decir que dio resultado. El Gobierno de Blair decidió internacionalizar el conflicto para intentar atraer al IRA pero lo único que consiguieron fue extender mediáticamente la propaganda terrorista. La Comisión internacional fracasó puesto que no fueron capaces de hacer cumplir al IRA con las exigencias que la mismísima Comisión Internacional propuso, que no fueron otros que los famosos principios Mitchell. Al Sinn Fein se le permitió participar en todas las conversaciones multipartitas a pesar de que el IRA no se había desarmado, ni disuelto y seguía funcionando como banda terrorista, llegando a asesinar a siete personas después, incluso, de los acuerdos de viernes santo del año 1998. Con la presencia activa del IRA, el Sinn Fein reforzó su imagen de partido político, al presentarse como los posibilistas y positivistas democráticos ante la opinión pública, mientras arrancaban concesiones políticas bajo la coacción de poder convencer así más fácilmente al IRA para su desarme, cosa que ocurrió un año después de la excarcelación de todos sus presos. Si de lo que se desprende de ese escenario es responsable en alguna medida dicha Comisión Internacional, obvia decir que fue un auténtico fracaso. Y es este escenario el que tratan de reproducir ETA-Batasuna en el País Vasco a toda costa.

  • Usted dice que es un bluf lo de la verificación. Que lo que hay que verificar es el desarme, no el alto el fuego

Efectivamente. Lo que nunca dicen los firmantes del Acuerdo de Gernika (Batasuna, EA, Aralar, Alternatiba, entre otros) es que  en dicho acuerdo, que es un refrito de los principios Mitchell adaptados a la idiosincracia vasca, es que han omitido de forma deliberada en dicho acuerdo los puntos segundo y tercero de los principios Mitchell, es decir, el desarme de los grupos paramilitares y su verificación. Esta omisión voluntaria obedece o a una imposición de ETA, o a la imposibilidad política de sus firmantes de solicitarle eso a ETA, pues supondría una ruptura traumática para todo ese mundo. Intentan hacer la del trilero, cambiándonos la bolita de lado en el último momento, e intentar colarnos el concepto verificación desviándolo hacia el alto el fuego, que se verifica por si sólo.

  • ¿Sigue siendo ETA la que manda en la izquierda abertzale?

Se han intentando vender la idea de que ha sido la izquierda abertzale la que ha solicitado a ETA un cambio, sea este el que sea, y de esa idea se ha extrapolado que ahora hay una ascendencia de Batasuna sobre ETA y no al revés. Nada más lejos de la realidad. Lo que se plantea todo ese mundo es que simplemente no pueden seguir ilegalizados pues supondría su ahogo político y económico definitivo, por lo que ambos, tanto ETA como Batasuna, deciden emprender un camino obligado. Saben que el Gobierno no va a mover pieza tras el fracaso del 2006 y por lo tanto se han de mover ellos hacia la legalidad que indefectiblemente lleva a la desaparición de ETA. Pero esto a ETA no le gusta y deciden adornar todo este proceso de disolución  introduciendo a los mediadores internacionales, que son instrumentalizados por ETA-Batasuna para desviar la responsabilidad del final de las acciones terroristas hacia el Gobierno, al que creen que se les puede presionar desde esas instancias internacionales. ETA ha declarado que la lucha armada es incuestionable, que no se va a disolver y que desean tutelar todo su proceso. Esto unido a una fala de liderazgo fuerte en los actuales jefes etarras hace pensar que, al menos, es una estrategia  compartida al 50%.

  • ¿Qué opinión le merece eso de que ETA se convierte en garante del proceso, como el Ejercito es garante de la Constitucion?

Pues que no es más que otro intento de legitimarse, de equipararse con el estado democrático y de derecho al que pretende enfrentarse de tú a tú. Forma parte de los cimientos de legitimación del terrorismo. No olvidemos que los etarras están plenamente convencidos de que ellos están plenamente legitimados porque, dicen, han nacido directamente del propio sentimiento vasco. Lo cual no vale la pena ni un comentario al respecto.

 


  • Algún vecino de su hermano fue el que dio la información a la banda terrorista sobre su rutina, su coche... ¿Es posible vivir sabiendo que ese señalador es el vecino del quinto, por ejemplo?

Posible es, eso es evidente. Pero desde luego no es lo más agradable del mundo. De todas formas, peor que nosotros lo estarán pasando ellos, pues en cualquier momento podrán ser detenidos y pasar el resto de sus días en prisión. Es una espada de Damocles para los colaboradores etarras que tarde o temprano caerá sobre sus cabezas.

  • ¿Por qué se insiste tanto en que las víctimas concedan el perdón a los asesinos?

Posiblemente por nuestra tradición judeo-cristiana y porque, como ya he comentado anteriormente, se intenta que sea un remedo o sustituto de la aplicación de  justicia.

  • Recientemente, el Obispo Munilla, como antes el Obispo Blazquez, ha hablado de reconciliación y de magnanimidad. ¿Está usted de acuerdo con la jerarquía de la Iglesia?

Yo no me siento identificado con la iglesia católica, apostólica y romana y no me siento obligado por lo que puedan manifestar. Podría tener un sentido en el entorno de la religión que profesan pero no desde luego en un estado de derecho y democrático.

  • Usted ha escrito que bastante es el renunciar a la Ley del Talión. ¿Cuesta no refugiarse en el deseo de venganza?

No cuando has recibido la educación ética, moral y cívica adecuada.


  • ¿Qué papel deben jugar las víctimas a la hora de conseguir la paz de este pais?

Deben ser el eje sobre el que gire la futura historia política del País Vasco. Deben de servir no sólo para ser objeto de memoria, homenajes y dignidad, si no también, para ayudar a extender por toda la sociedad democrática que lo que realmente nos hace libres no es nuestra condición humana, si no, nuestro estado de derecho, donde su ordenamiento jurídico los ampara y protege.

  • La izquierda abertzale se queja de que la policía siga haciendo detenciones y dicen que lo que se pretende es torpedear las perspectivas de paz. ¿Debe el Estado relajarse?

 Vuelvo a insistir que no nos encontramos en un proceso de paz. Estamos en un proceso de disolución de un grupo terrorista y la legalización de su brazo político. Y son ilegales, no solo su brazo político si no cualquier organización que sirva como instrumento para el objetivo político de un grupo terrorista. Un estado de derecho nunca está en tregua porque nunca ha estado en guerra. Simplemente al que delinque hay que aplicarle toda la fuerza de la Ley.

  • ¿Es de nuevo una tregua trampa para conseguir la legalización de Batasuna o, al menos, que se les permita presentarse a las elecciones municipales y forales?.

Los adjetivos que se pongan me traen sin cuidado. Lo que no les entra en la cabeza es que no pueden ser legalizados mientras siga en activo su brazo ejecutor  y creo que el Gobierno debiera pensar igual para ejercer la acción judicial contra los estatutos que presenten. No  hay que olvidar que no sólo se trata de condenar o rechazar la violencia. El TEDH lo ha dejado bien claro, la corte europea afirmó en su resolución (párrafo 80) que «los estatutos y el programa de un partido político no pueden ser tomados en cuenta como único criterio para determinar sus objetivos e intenciones. Es preciso comparar el contenido de dicho programa con los actos y tomas de posición de los miembros y dirigentes del partido en cuestión. El conjunto de estos actos y tomas de posición, siempre que formen un todo revelador del fin y de las intenciones del partido, pueden ser tomados en cuenta en el procedimiento de disolución de un partido político».

 


  • Usted fue especialmente crítico con la presencia de Cristina Sagarzazu y Rosa Rodeo, dos víctimas de ETA, en un acto organizado por la izquierda abertzale en homenaje a Brouard y Muguruza. ¿Qué es lo que le chirría de todo eso?

Principalmente los argumentos que esgrimieron para justificar su presencia en dicho acto. Para estas mujeres el sufrimiento es el único criterio de enjuiciamiento moral  válido, y claro, así tomado da igual que le maten a uno por cualquier motivo, ya que dicho enjuiciamiento moral hace hincapié en el resultado de la acción, la pérdida de una vida, y por eso racionalizan  que todas somos iguales. Pero obvian que dicho valor (el sufrimiento) no sirve para enjuiciar moralmente la cualidad de la acción . Obvian, que una vida humana tiene valor, no tanto por ser vida como por ser humana, es decir, impregnada de unos principios inconculcables, como la libertad o la conciencia y que el enjuiciamiento sobre la acción se debe de realizar sobre si esa acción viola alguno de estos principios y eso no se da en todos los casos.
   Además, ambas personas han asumido el principio de la imbatibilidad de ETA como punto de partida por lo que tienen asumido que la única salida es la de la negociación, que es lo mismo que decir, la asunción de cesión de todo tipo de contrapartidas, en definitiva, no creen en el estado de derecho y en la democracia que tenemos. Son personas que han manifestado cosas tan terribles como que ETA no es el problema, si no que el problema es la violencia, violencia que todos llevamos dentro, o por ejemplo, el problema no son la víctimas (que están siendo manipuladas) si no el conflicto, y ya es hora de que todos asumamos nuestra responsabilidad en este asunto. Es evidente que este tipo de racionalizaciones son legitimadoras de la historia etarra, pues esparcen la responsabilidad del fin del terrorismo a diestro y siniestro, todos son víctimas y a la vez victimarios, en fin, que responden perfectamente a la propaganda del nacionalismo independentista radical. Y por terminar con este tema, que realmente me resulta desagradable, son personas que se han mostrado partidarias de la abolición de la Ley de Partidos, (arma que se ha demostrado jurisprudencialmente legitimada, así como eficaz para acabar con el terrorismo) y han suscrito un documento de apoyo a la declaración de Bruselas. Que cada cual saque sus conclusiones.

  • Tampoco se ha frenado a la hora de darle caña  Paul Ríos, el dirigente de Lokarri.

Lokarri es una asociación o movimiento cívico cuyo objetivo principal es la de alcanzar una consulta popular a favor de la independencia. Bajo una semántica agradable, (ausencia de paz, diálogo, pluralismo,) no se esconde un trabajo neutral desde el punto de vista sociológico, si no que su misión es la propiciar un diálogo, un pacto, que se situaría fuera de los procedimientos democráticos de nuestro estado de derecho, y cuyo objetivo final e ineludible ha de ser esa consulta popular. Por lo tanto trabajan de forma sectaria, guiados por los intereses exclusivamente nacionalistas.
   Pero lo que realmente llama la atención de Lokarri es que si visitas su página web donde se definen, plasman su visión-misión, observarás que no aparecen por ningún lado, ni la palabra terrorismo (sustituida por la de violencia de forma genérica), ni ETA, ni asesinatos. Y claro, cuando uno intenta erigirse en un movimiento con las pretensiones que tienen y en su análisis de la problemática vasca no hace mención al terrorismo ni a ETA, ya me contarás que pueden aportar para la solución del problema cuando obvian la causa más importante de la conculcación de derechos humanos en Euskadi, el terrorismo y ETA.

  • ¿Duele cuando se leen cosas como las escritas por el profesor de la UPV, Ramón Zallo, que asimilaba a su hermano con los torturadores del franquismo?

No ofende el que quiere si no el que puede. Ahora entiendo el bajo nivel de los alumnos de la UPV. Siempre había pensado que un profesor de Universidad tenía cierta profundidad intelectual y carga argumentativa en sus exposiciones. Está claro que no tenía ni idea del asunto. Ramoncito es un ejemplo (y posiblemente una excepción).

  • ¿Puede haber un discurso de  optimismo o eso es imposible mientras una parte de esta sociedad tenga más empatía con los verdugos que con las víctimas?

No es del todo cierto  que esta sociedad, en general y de forma mayoritaria, haya tenido más empatía con los verdugos que con las víctimas. Es cierto que desde sectores nacionalistas ha habido mucha connivencia, explicativa y exculpatoria. Lo que si ha habido por parte de la sociedad vasca es un abdicación de su condición de ciudadano para convertirse en mero espectador indiferente de lo que ocurría a su alrededor y, como ha explicitado perfectamente Aurelio Arteta en su ensayo “Mal Consentido”, ha terminado por convertirse en cómplice por indiferencia del victimario. Mientras en esta sociedad no haya un rearme ético y moral y  una regeneración de esos principios, sobre todo en el mundo sociológico de ETA, que se ha desarrollado en la subcultura de la violencia, no hay mucho que hacer y el análisis es de moderado pesimismo.

El dirigente de Sortu llama hoy "violencia política" a los crímenes de Eta y "presos políticos" a los etarras

  • El dirigente de Sortu llama hoy "violencia política" a los crímenes de Eta y "presos políticos" a los etarras



Así,con esa contundencia y sin despeinarse describe Rufino Etxeberria lo que para él significa realmente ETA y su entorno, así vuelve a desviar la atención de lo que es y a sido ETA.
Este grupo que Rufino Etxeberria lidera no se desmarca en absoluto de los anteriores grupos creados por ETA-Batusuna para presentarse a las elecciones,sigue con sus palabras autorizando a ETA a posicionarse en política, dándole la autoridad de grupo político armado obligado por la "situación política vasca" a usar el terrorismo como arma de extorsión a una sociedad y gobiernos democráticos para conseguir sus fines soberanistas e independentistas (Violencia Política).
Mientras los autores materiales y los cómplices de los asesinatos perpetrados durante los mas de 50 años de la banda terrorista ETA nos los presentan como agentes políticos obligados al asesinato y la extorsión como único medio para ser escuchado,eludiendo así sus responsabilidades penales por sus asesinatos (Presos Políticos).
Así de fácil el entorno de ETA y la izquierda Abertzale quieren hacernos creer al pueblo que han cambiado,con demagogia barata que se desmonta en tres lineas..pero continuemos


  • Preguntado por si el rechazo a ETA es "retroactivo", el dirigente abertzale ha respondido que el "conflicto político en Euskal Herria ha estado atravesado por la violencia de ETA" y también "El valor y la importancia hay que radicarla en la decisión más allá del momento" en el que se adopta, ha subrayado Etxeberria, quien ha insistido en la existencia de distintos "signos de violencia" a lo largo de los dos últimos siglos en España.

Y ya esta.Una persona que dice representar a la izquierda Abertzale dice esto (y muy a mi pesar) convencido de que es correcto y coherente y cree que vale o justifica lo injustificable.Volvemos a lo mismo,en euskadi no hay,ni ha habido, ningún conflicto político.
Ha existido ETA y sus secuaces,ETA y sus asesinatos,ETA y sus extorsiones al conjunto de la sociedad vasca,ETA y su ambición de someter a un pueblo que vive en democracia y que elige sus gobiernos por sufragio universal de manera pacífica a sus ideas.
Esto y solo esto es lo que la sociedad vasca a estado sufriendo (y no atravesando como nos quiere engatusar Etxeberria con su jerga) por la violencia de ETA.
Todo esto lo intenta entremezclar Etxeberria con la historia de España utilizando a esta última como archienemigo atemporal culpable de todos los males de la sociedad vasca desde tiempos napoleónicos, y como justificación para la presencia de ETA,mas adelante leeremos en una frase del dirigente de SORTU donde demuestra incongruencia.



  • Respecto a las víctimas de ETA, Rufi Etxeberria ha vuelto a repetir que "tiene que haber un reconocimiento y reparación sobre todas las víctimas que ha generado la violencia política de ETA y otras violencias en este país", al tiempo que ha insistido en que el compromiso de la izquierda abertzale ante ellas es su "contribución política" para que "no exista ni una sola víctima más en el futuro"

En esta Frase está la clave de como SORTU no condena los asesinatos y actuaciones de la banda terrorista ETA,primero porque no la reconoce como banda armada sino como grupo político y califica sus actuaciones de "actuaciones políticas" intentado diluir esos asesinatos,secuestros y extorsiones en actuaciones llevadas a cabo por obligaciones exclusivamente políticas.
Otro aspecto también muy importante es que NO EXISTE ARREPENTIMIENTO de ETA hacia las victimas,no reconoce las responsabilidades pasadas ni futuras del grupo terrorista y solo insiste en que la izquierda abertzale no quiere que haya mas victimas en el futuro,pero no dice si los condenará rotundamente si las hubiera.
Lo que siempre han hecho hasta día de hoy,no condenar la violencia ni pedir la desaparición de ETA ni nada que se le asemeje y esto ocurre porque SORTU es ETA y desgraciadamente saben que mientras no desaparezcan,entreguen las armas y se sometan al imperio de la ley, seguirán asesinando.


  • "La izquierda abertzale tiene un criterio claro: podemos entrar en la casuística de caso por caso. Todos son tremendos de ahí el compromiso de que eso se tiene que superar de manera definitiva", ha añadido.

Esta frase demuestra una gran incongruencia con otra que existe unas lineas mas arriba y en las que hace referencias a la Historia de España para justificar la existencia de ETA distorsionando la realidad histórica a su antojo y semejanza,pero lo más grave aún es que en esta frase también se refiere a las victimas del terrorismo y su posicionamiento ante estas: EL OLVIDO Y SU MENOSPRECIO

este es el enlace de la noticia

sábado, 5 de febrero de 2011

RECOMPONIENDO EL NACIONALISMO RADICAL Y CONCLUSIONES.

   Con estas dos entradas damos por terminado, de momento, el análisis sobre lo que está sucediendo en el ámbito político en relación con la legalización de Batasuna. La próxima entrada versará sobre la legalización-ilegalización de Batasuna, o como quiera que se denominen, ya que el lunes 7 dan a conocer sus nuevos estatutos. Analizaremos lo que dice la Ley de Partidos, la sentencia del TEDH y lo que dicen los proetarras en sus nuevos estatutos de partido, así como las actitudes que están tomando el resto de fuerza políticas. 

Los esfuerzos de ETA y Batasuna por recomponer
el nacionalismo radical

La lectura de los tres comunicados de ETA durante el mes de septiembre evidencia sin ningún género de dudas el compromiso de la banda con su estrategia terrorista. Los contenidos del último de ellos, en la forma de una entrevista a dos miembros de ETA publicada en Gara, eran particularmente reveladores. En esta entrevista los terroristas rechazaban una tregua unilateral como la que se le reclamaba a ETA en la Declaración de Bruselas, al tiempo que imponían numerosas condiciones políticas para el cese de su violencia. Entre dichas condiciones destacaba la exigencia de una negociación política entre ETA y el Gobierno, el compromiso de las autoridades de no realizar detenciones de terroristas, al igual que otros “mínimos” como la excarcelación anticipada de presos enfermos y de aquellos que hubiesen cumplido tres cuartas partes de condena, además de la liberación de los reclusos a los que se les ha aplicado la llamada “doctrina Parot”.

Asimismo, los terroristas declaraban que ETA no se sentía vinculada por el pacto soberanista alcanzado meses atrás entre Batasuna y EA, y que ni siquiera “haría suya palabra por palabra” la iniciativa Zutik Euskal Herria elaborada por Batasuna y en la que se señalaba lo siguiente: “El proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y sin injerencias, rigiéndose el diálogo y la negociación entre las fuerzas políticas por los principios del senador Mitchell. Nadie podrá utilizar la fuerza o amenazar con su uso para influenciar en el curso o el resultado de las negociaciones multipartitas, así como para tratar de modificar el acuerdo que nazca de las mismas”. Algunos observadores, de manera errónea, asumiendo una interpretación excesivamente benévola de la naturaleza y estrategia de Batasuna, han considerado el documento Zutik Euskal Herria como la demostración de una separación del brazo político del armado al aludirse a la necesidad de utilizar “vías y medios exclusivamente políticos y democráticos”.

Dicha interpretación ignoraba que en mayo de 1999 los grupos parlamentarios del PNV, EA y EH (sucesora de Batasuna) –esta última con el terrorista Josu Ternera a la cabeza– firmaron un pacto de legislatura en el que los representantes políticos de ETA “reiteraron” su “apuesta inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas para la solución del conflicto de naturaleza política existente en Euskal Herria”. El compromiso de 1999 abogaba también “por la desaparición plena de todas las acciones y manifestaciones de violencia”, lo que suscitó por parte del entonces lehendakari, Juan José Ibarretxe, una desmesurada valoración: “Éste es el día que llevábamos tanto tiempo esperando”. La evidente ausencia de correspondencia entre las palabras de Euskal Herritarok y sus hechos revelaban la irrele-vancia de la retórica del brazo político de ETA, precedente que debe ser tenido en cuenta al valorar su nuevo compromiso con “vías y medios exclusivamente políticos y democráticos”, tal y como lo ha expresado más recientemente.

 Hoy, los hechos evidencian de nuevo una incoherencia con las promesas, pues las discrepancias entre ETA y Batasuna respecto a la utilidad de la violencia no han concluido en un cuestionamiento claro del terrorismo por parte de los representantes políticos de ETA. Las discrepancias que la propia banda reconocía en la referida entrevista de finales de septiembre surgen de los deseos de Batasuna por sortear su ilegalización, objetivo éste que se ve obstaculizado por la persistencia del terrorismo etarra, que ha llevado a los representantes políticos de la banda a solicitar su interrupción. Aunque ETA ha dejado claras en sus comunicados sus diferencias con Batasuna, la manera en la que los comunicados terroristas han ignorado las peticiones del brazo político, y la anuencia de éste con la dirección etarra, confirman la sumisión del partido ilegalizado a los dictados de la banda. Por ello, el inusual número de declaraciones por parte de ETA a lo largo del mes de septiembre puede interpretarse como un intento de responder a las presiones que desde Batasuna y el ámbito internacional se le trasladaban a la banda. Sin embargo, la respuesta de ETA ha eludido las reclamaciones principales planteadas desde estos frentes, confirmando la autoridad que el brazo armado sigue ejerciendo sobre el político y la subordinación de este último.

Esta circunstancia ha decepcionado parcialmente a quienes esperaban una diferente disposición de la banda. No obstante, la escenificación de sucesivos movimientos por parte de ETA y Batasuna ha permitido a ambas formaciones reproduciruna propaganda eficaz en algunos sectores al presentarles como actores con voluntad de realizar gestos a favor de una resolución pacífica del conflicto. No es éste un mensaje que haya calado exclusivamente en el entorno terrorista, sino que también ha logrado seducir a otras audiencias. Así lo corrobora la complicidad de Aralar y EA con la estrategia terrorista al acordar una iniciativa común conocida como “Acuerdo de Gernika” a finales de septiembre. Bajo la apariencia de un gesto de distanciamiento de ETA, al reclamar en el primer punto de dicho acuerdo “la declaración de ETA de un alto el fuego permanente, unilateral y verificable por la comunidad internacional como expresión de voluntad para un definitivo abandono de su actividad armada”, estos partidos condicionaban dicha respuesta por parte de los terroristas a la satisfacción de una serie de exigencias que el Gobierno debería satisfacer. En consecuencia, el gesto etarra debía ir acompañado del cumplimiento de numerosas demandas por parte de las autoridades, entre ellas, la derogación de la Ley de Partidos y “la adopción de las siguientes medidas como primer paso del camino hacia la amnistía, que conduzca a la ausencia total de presos/as y exiliados/as a consecuencia del conflicto político: traslado de los presos/as a Euskal Herria finalizando la práctica de la dispersión; liberación de presos/as con graves enfermedades; concesión de libertades provisionales a todos los presos y presas preventivos pendientes de juicio en prisión; derogación de la legislación que impone 40 años de condena; y la revisión de los procesos judiciales contra personas y estructuras organizativas derivados de su actividad política”.

 Esta nueva alianza beneficiaba una vez más a los intereses de los radicales al favorecer la recomposición de un frente nacionalista que disminuía la marginalidad de Batasuna y, por tanto, de la propia ETA en momentos de considerable debilidad como los que atraviesa el movimiento terrorista. La constitución de esta alianza representaba además la materialización de las exigencias que ETA venía expresando en su documentación interna en los últimos dos años, al exigir a Batasuna una “alianza independentista” que le permitiera articular su noción de “proceso democrático”, entendiéndose por éste la satisfacción de los requisitos planteados por ETA para la consideración de una hipotética tregua.

Uno de los elementos que facilita el consenso entre los integrantes de esta “alianza independentista” es la reivindicación de internacionalización del fenómeno terrorista mediante la injerencia externa de actores internacionales. La interferencia de agentes a los que ya se ha aludido en las páginas precedentes se mantiene como una constante, habiendo reiterado la “alianza independentista” la necesidad de una “verificación internacional” de la tregua reclamada a ETA. La propia banda ha solicitado la implicación de la comunidad internacional, como sintetizaba en su primer comunicado de septiembre: “A ella le hacemos un llamamiento para que responda con responsabilidad histórica a la voluntad y compromiso de ETA, para que tome parte en la articulación de una solución duradera, justa y democrática a este secular conflicto político”.

En el último de sus pronunciamientos en septiembre, ETA matizaba el papel que reserva a una “aportación internacional” que la banda ve necesaria para “dar impulso ininterrumpido, proteger y, en alguna medida, blindar el proceso”. Al mismo tiempo, durante esa entrevista con dos miembros de ETA, éstos ponían de manifiesto la manipulación que los terroristas hacen de dicha interferencia externa, dejando claro que en estos momentos ETA no está dispuesta a renunciar al terrorismo. Frente a las peticiones de verificación internacional de una tregua que Batasuna plantea, al ser preguntados sobre quién verificaría una hipotética tregua previo cumplimiento de los requisitos establecidos por los terroristas, los entrevistados respondieron: “Creemos que es demasiado pronto para responder a preguntas de ese tipo. Si llega el momento, entonces habrá que estudiar las opciones, aprendiendo de otras experiencias”.

Conclusiones

Una de las más importantes tergiversaciones en torno al proceso norirlandés por parte del entorno de ETA consiste en ignorar la premisa básica sobre la finalización de la campaña terrorista: el IRA decretó el final de su violencia a pesar de no haber conseguido sus objetivos, renuncia forzada por la intensa presión antiterrorista sobre el más sangriento grupo terrorista de Europa. Por ello, la mirada a Irlanda del Norte por parte de ETA y Batasuna es casi siempre interesada, al instrumentalizar iniciativas que acentúan la dimensión internacional y que pueden reportarle al movimiento terrorista considerables beneficios. El respaldo que la internacionalización ha obtenido de otros actores podría entorpecer el declive de ETA causado por la intensa presión antiterrorista. Conviene por ello recordar que en su afán por cerrar en falso un conflicto terrorista cuya resolución exige mucho más que la disminución de la violencia, el Gobierno británico aceptó concesiones frente al terrorismo cuyo considerable coste amenaza con lastrar el avance de una sociedad democrática. Una organización terrorista derrotada como el IRA extrajo mediante sucesivas coacciones una legitimación de contraproducentes consecuencias. Las cesiones del Gobierno británico fortalecieron la perjudicial narrativa del conflicto reproducida por la propaganda terrorista, al reforzarse ésta frente al principal argumento de deslegitimación esgrimido contra el terrorismo durante décadas: en un sistema democrático los responsables de conductas criminales deben ser sancionados por sus infracciones sin recibir la recompensa de una negocia-ción que debilita a la democracia y fortalece a quienes han desafiado los métodos democráticos mediante la amenaza y la violación sistemática de los derechos humanos.

El apaciguamiento en el que se incurrió en Irlanda del Norte permitió la construcción de un relato que transforma la realidad del conflicto terrorista: los perpetradores de la violencia dejaron de ser presentados como tales, pues de lo contrario resultaría acuciante la lógica demanda de justicia y reparación que merecen las víctimas y que los victimarios deben atender. Esta tolerancia hacia quienes han transgredido los más básicos principios políticos, humanos y morales ha devenido en una neutralización del pasado, de manera que las víctimas se ven forzadas a aceptar un relato que falsea su injusto sufrimiento, dolor que se presenta como inevitable y necesario. Tan injusta coacción se complementa con una espantosa exigencia que rechaza la conveniencia de “abrir las heridas del pasado”, como si juzgar a los victimarios no fuera un requisito imprescindible para cicatrizar profundas heridas todavía abiertas y para la erradicación y deslegitimación de una violencia que continúa siendo legitimada por quienes hoy ejercen el poder.

Esta conclusión obliga a prestar atención a otro de los intentos de distorsión del contexto norirlandés, pues también han surgido voces en España que han planteado que aquí la problemática de las víctimas deberá “resolverse” como en Irlanda del Norte. En primer lugar debe cuestionarse esa asunción de que tan delicado tema ha sido realmente resuelto de manera satisfactoria en una región donde muchas víctimas del terrorismo aún rechazan la terrible impunidad política, moral, histórica y jurídica permitida por el proceso norirlandés. Nada se ha avanzado en el objetivo de una reconciliación que resulta imposible alcanzar sobre los cimientos de injusticia en los que se levanta el arreglo político admitido en Irlanda del Norte. De ahí el interés nacionalista por buscar la importación de fórmulas que han contribuido a construir una dañina identidad para las víctimas: éstas han sido definidas como meras “consecuencias del conflicto” y, de esta forma, se les ha arrebatado la reparación que merecen las víctimas de cualquier delito, pero especialmente quienes han sufrido tan salvajes violaciones de derechos humanos.

Al condicionarse el avance de la sociedad a la relegación de la necesaria justicia sobre los responsables de semejantes crímenes, se ha asumido un peligroso chantaje que distorsiona importantes lecciones para la resolución de un conflicto terrorista. Por un lado, se ha intentado imponer la creencia de que el final de la violencia exigía la excarcelación de los terroristas, ignorándose que la debilidad del terrorismo dejaba a sus perpetradores escasas expectativas de éxito y una limitada voluntad de continuar con una estrategia fracasada incluso aunque no se hubiera producido la liberación anticipada de presos. Además, ha facilitado la legitimación de la violencia al minusvalorar las consecuencias políticas, humanas y jurídicas que se derivan de la misma. La ausencia de sanción para delitos de una gravedad extrema sienta un peligroso precedente en una sociedad en la que todavía se mantiene el terrorismo. Una comparación entre los niveles de violencia de ETA y de los grupos terroristas escindidos del IRA muestra una mayor actividad por parte de estos últimos, incentivados por esa impunidad y legitimación favorecida por tan dañino “proceso de paz”.

La perpetuación de una violencia que hoy todavía mantienen grupos escindidos del IRA sugiere también importantes conclusiones para el fenómeno terrorista en España. La tensión entre ETA y Batasuna ha llevado a plantear comoposible una escisión similar a la que en Irlanda del Norte dio lugar a grupos escindidos del IRA que todavía hoy mantienen el terrorismo. Esta hipótesis ha sido utilizada por algunos políticos para justificar la negativa de Batasuna a romper con ETA, deduciendo que el partido debe obtener concesiones políticas que le permitan traer consigo a la banda sin escisiones. Así, la interesada lectura del referente norirlandés aporta al movimiento terrorista una comparación ventajosa con la que defender su negativa a abandonar el terrorismo y la intimidación que ejerce mediante la manipulación de las expectativas sobre el final de la violencia.

Batasuna, como hizo el Sinn Fein con el IRA, instrumentaliza la amenaza de escisiones para rentabilizar la crítica debilidad de ETA. Sin embargo, la actual situación en Irlanda del Norte, donde el terrorismo de los disidentes no deja de aumentar, demuestra cuán contraproducente ha resultado este tipo de coacción. Confirma que el modelo norirlandés ha sido incapaz de acometer la categórica deslegitimación de la violencia utilizada en el pasado, al fortalecer el discurso de quienes aún mantienen el terrorismo. Es ésta una valiosa lección para nuestra política antiterrorista en unos momentos en los que Batasuna intensifica sus argucias para generar confusión sobre sus verdaderas intenciones, aparentando una irreversible pero falsa voluntad de paz mientras permanece supeditada a la estrategia etarra.

Al haberse eludido una auténtica deslegitimación de la violencia del IRA y su condena desde el punto de vista táctico y moral, se ha incentivado la continuidad del terrorismo por parte de esos disidentes que utilizan los mismos argumentos que en el pasado emplearon sus propios compañeros, estos que ahora les critican por hacer lo mismo que ellos hicieron años atrás. De ahí la incapacidad del Sinn Fein para contrarrestar la propaganda de los disidentes, pues éstos, desde su misma lógica, argumentan que están legitimados para utilizar la violencia por varios motivos. Los disidentes usan el terrorismo para perseguir idénticos objetivos por los que el IRA justificó miles de asesinatos, o sea, el fin de la “ocupación” británica. Además, los disidentes argumentan que puesto que el IRA ha ensalzado su violencia como eficaz, ellos siguen manteniendo el terrorismo para lograr los fines que el IRA fue incapaz de conseguir al concluir su campaña, estimulando su reproducción pese a las dificultades.

La narrativa con la que el Sinn Fein y el IRA han intentado legitimar su campaña terrorista no ha dejado de incidir en la necesidad de la violencia pasada y en los logros de la misma, tal y como hace ETA52. Esta narrativa y las concesiones extraídas por el Sinn Fein al coaccionar a las autoridades con la promesa de desaparición del IRA permiten reforzar el discurso de los disidentes: si el Sinn Fein logró beneficios por parte del Gobierno británico bajo amenaza de que la ausencia de cesiones alentaría la continuidad del terrorismo del IRA, la violencia aparece como eficaz y, por tanto, como un método al que un verdadero “patriota” no debe renunciar mientras permanezcan los agravios a los que recurrieron para justificar sus crímenes durante décadas. El incremento de la violencia de los disidentes, que según una reciente encuesta cuentan con la simpatía del 14% del electorado nacionalista54, deberíahacer reflexionar a esos políticos vascos que irresponsablemente aceptan convertirse en cómplices de la estrategia terrorista aduciendo unas buenas intenciones para poner fin al terrorismo. La complicidad de Aralar y EA con Batasuna al exigir a actores democráticos que ignoren la legalidad persigue encubrir los efectos del terrorismo perpetrado en una sociedad en la que ETA ha violado sistemáticamente los derechos humanos, siendo sus consecuencias perjudiciales para lograr el final de la amenaza terrorista.

Si ETA ha forzado a dichos partidos a modificar sus posicionamientos pese a seguir existiendo, ¿por qué habría de renunciar la banda al instrumento que le ha garantizado semejante logro? La misma lógica puede aplicarse a las exigencias que Batasuna y sus aliados nacionalistas reclaman ahora como contrapartida por una interrupción táctica del terrorismo: si Batasuna obtuviera los privilegios que a modo de chantaje exige junto a su legalización, se desincentivaría la renuncia a esa amenaza de violencia, que resultaría útil. Esa política de apaciguamiento disminuye el aislamiento de Batasuna –al disminuir la presión sobre ETA–, al igual que lo hace la actitud del PNV manifestándose con el entorno de la banda, firmando manifiestos soberanistas conjuntos, y realizando declaraciones que muestran su coincidencia con los fines del movimiento terrorista.



Las escisiones del IRA demuestran que la erradicación del terrorismo se ha visto obstaculizada por la disposición de actores democráticos a recompensar cesiones a los terroristas que fueron presentadas como necesarias para la finalización de la violencia pero que, en cambio, reforzaron un relato legitimador de la misma garantizando su perpetuación. Por tanto, la firmeza inexorable en la política antiterrorista frente a ETA y Batasuna constituye lamejor receta para evitar escisiones en la banda que entorpezcan su desintegración. Esa consistencia es la que puede forzar a los terroristas a construir el relato deslegitimador de la violencia imprescindible para su desaparición. De ese modo se desmoraliza a aquellos que tuvieran la tentación de escindirse para mantener la violencia al reducirse sus expectativas de éxito, y se favorece la consolidación de una disidencia dispuesta a renunciar al terrorismo sin contraprestaciones.

A pesar de las divergencias que entre Batasuna y ETA han surgido en los últimos meses como consecuencia de las diferentes opiniones sobre la función que la violencia debe desempeñar en la estrategia terrorista, la adhesión a la ortodoxia terrorista se mantiene. Es decir, la continuidad del terrorismo sigue sin ser cuestionada de manera genérica. Las diferencias sobre la utilidad de la violencia resultan ser más bien de conveniencia táctica, al constituir todavía un elemento fundamental de la estrategia terrorista que no se desea abandonar. Por ello, el debate en torno a su utilización sigue marcado por la rentabilidad que políticos y militares entienden pueden extraer de esa violencia, sin que se aprecie que el movimiento haya interiorizado la necesidad de renunciar al terrorismo sin contraprestaciones. A pesar de que Arnaldo Otegi declara ahora en El País que la formación que lidera “se opondría” si ETA volviera a matar, bajo la propaganda del terrorista se oculta una realidad que muestra cómo Batasuna, más allá de la retórica, continúa fiel a la actitud que en 2001 el propio dirigente radical sintetizaba así: “Se quiere animar a la izquierda abertzale para que vaya contra ETA. Nunca nos van a encontrar en este terreno”.

El rechazo casi unánime que los últimos comunicados terroristas han encontrado en nuestro país ha neutralizado el objetivo terrorista de fracturar el consenso que tras el fracaso de la última negociación ha profundizado el declive etarra. A pesar de ello, la simplificación del fenómeno terrorista en la que determinados actores incurren induce a reproducir reclamaciones aparentemente equidistantes que exigen por igual a ETA y a un Estado democrático pasos hacia la “paz” y “sacrificios” para aprovechar otra “oportunidad” que los terroristas “benévolamente” ofrecen. De ese modo puede abundarse en la injusta pretensión de la propaganda terrorista, que intenta eludir la necesaria distinción entre el agresor –ETA– y sus víctimas –el Estado y la sociedad española–. Éste es el escenario que ETA y Batasuna desean recrear y que los partidos políticos deberán evitar en un futuro, pues es posible prever nuevos intentos de los dirigentes batasunos por aparentar un distanciamiento del terrorismo por los que seguirán exigiendo diversas recompensas.
Rogelio Alonso. Profesor Titular de Ciencia Política  de la Universidad Rey Juan Carlos.